lunes, 16 de julio de 2012

ANTONIO DEL VALLE BERMÚDEZ (Paterna del Campo)


ANTONIO FUE FUSILADO EN LAS TAPIAS DEL CEMENTERIO DE ALMONTE DONDE CONTINUA EN UNA FOSA COMÚN
Familia de Antonio del Valle

Autora
Sofía del Valle López (Bélgica)
Abuelo, tu ausencia dejó abierta una herida que no dejaría jamás en paz al niño que te acompañaba cuando vinieron a buscarte.  Esa herida se transmitiría a cada uno de sus hijos.  
Nunca le oí una palabra, fue mi madre la que nos nutrió con historias de la república, de la sublevación y de la represión.  Sin embargo sé que siempre lo atormentaron los recuerdos de ese maldito día de agosto de 1936 que acabó brutalmente con su padre y de paso con su niñez. 
Con ese niño herido para siempre, abuelo, atravesaste el tiempo para clavar en cada uno de tus nietos tu ira frente a la injusticia y tu fe en un mundo mejor.
 Antonio del Valle Bermúdez nació un 28 de septiembre de 1885 en Paterna del Campo, se casó con Isabel Menudo Menudo en 1908 y tuvieron 11 hijos de los cuales sobrevivieron ocho: Carmen, Pastor, Antonio, José, Isabel, Cristobalina, Francisco y Manuel.  
Antonio y Isabel eran pelentrines: las tierras que cultivaba mi abuelo daban para alimentar la familia. Tenía un olivar con una choza en El Junquillo, más allá de Tujena, hacía la Pata del Caballo. Allí le gustaba llevarse a su hijo Paco a pasar unos días trabajando. El niño lo acompañaba orgulloso en su caballito pardo que le había regalado su padre.
Antonio no tenía afiliación política ninguna, pero cuando sus hijos Antonio y José empezaron a militar en UGT y Izquierda republicana, a pesar de la condena de la familia, muy naturalmente les brindo su apoyo. 
Durante las huelgas revolucionarias de octubre de 1934, la izquierda se organiza por toda España para detener las fuerzas y frenar la brutal represión que se abatía sobre los obreros. Su hijo Antonio del Valle Menudo fue acusado por la CEDA de haber sido el instigador de la quema de la iglesia de Paterna del Campo la noche del 7 de octubre de 1934 y encarcelado con muchos más en La Palma del Condado. Allí fue a verlo todas las semanas hasta su liberación poco después de la victoria del Frente popular en febrero de 1936.  
Quizás fue ese el motivo de la discusión un tanto animada en la cual  Antonio del Valle Bermúdez hirió al boticario de una cuchillada el 8 de marzo de 1935.  Según el ABC de ese día vino la guardia civil a detenerlo pero, al retirar su queja el boticario, Antonio fue liberado.   
Tras las elecciones de febrero de 1936 y la victoria del Frente popular sus hijos Antonio y José del Valle Menudo fueron nombrados concejales y teniente de Alcalde en Paterna del Campo.  
La vida transcurría tranquila, pasaban los días en El Junquillo trabajando con su hijo.  Paco tenía 13 años cuando el levantamiento del 18 de julio de 1936.  
 El 27 de julio de 1936 los bombardeos aéreos abrieron camino a los sublevados  hacía Paterna. Los vecinos dejaron sus casas y huyeron a la sierra hasta que dejarán de caer bombas.  El 28 de julio Paterna del Campo estaba en manos de los fascistas. Los republicanos, con ellos mis tíos Antonio y José, se fueron hacía la Pata del Caballo para organizar la resistencia. 
Antonio y esposa
Antonio del Valle Bermúdez organizó el abastecimiento de sus hijos en El Junquillo, donde se llevó a Paco. Siguieron como siempre, trabajando la tierra y durmiendo en la choza. El 19 de agosto de 1936 la guardia civil y los falanges vinieron a buscarlos. Obligaron al niño a probar la comida por si acaso. Los ataron los dos al caballito pardo y los apalearon por el camino hacía el pueblo, insultándolos y amenazandolos.  Pasaron por otra finca donde apresaron más campesinos y así llegaron a la cárcel que habían improvisado en el ayuntamiento.  
 El niño se orinó de espanto, caminando hacía lo que el creía también su muerte.  Sin embargo, al no tener 14 años, lo dejaron marchar a su casa donde enfermó y se negó a ir a ver a su padre a la cárcel durante los 4 días que se quedó en Paterna esperando el camión que los llevaría a él y sus compañeros de infortunio a la muerte.  
De nada sirvieron las suplicas de Antonio para ver a su Paco, pues el niño seguía aterrorizado, negandose rotundamente en volver a la cárcel a ver a su padre. Más tarde Paco llegará a lamentarlo hasta su ultimo soplo.
El 23 de agosto de 1936 el camión que había traído la imagen del san Bartolomé de Bollullos se llevo a los prisioneros camino a alguna tapia de cementerio. Antonio del Valle Bermúdez iba con ellos.  
Hay un valor que surge de la desesperanza, cuando ya no queda nada que perder, Antonio subió al camión con el puño alzado al grito de « viva la república » y ese grito estremeció a medio pueblo.  
Su mujer y sus hijos se vistieron de luto, pues sabían que jamás volverían a verlo.  El 30 de agosto de 1936 llamaron de Almonte para informar que habían detenido a Antonio del Valle. No cabía duda, cómo se iba a imaginar mi abuela Isabel que se trataba de su esposo si lo creía muerto desde el 23 de agosto, día en que se lo llevó el maldito camión. Entonces todos pensaron que se trataba del Antonio del Valle Menudo e Isabel tembló por su vida.   
Entonces mi tío abuelo, conocido por « Parrón », hizo el camino a Almonte para enterarse de que en realidad se trataba de su hermano Antonio del Valle Bermúdez. Cuando volvió le dijo a mi abuela que ya no estaba… Esas palabras tenían su significado bien conocido de paredón, de fusilamiento, de cuneta o de fosa común.
Más tarde se entero la familia que Antonio había saltado del camión con un compañero de Escacena en las cercanías de Almonte. No tuvo suerte porque le alcanzo una bala en la pierna y tuvo que esconderse en la Dehesa de Almonte hasta que un guardia de campo, « El blanco », lo denunció.
El resto lo podemos imaginar sin dificultad ninguna: se lo llevarían hacía la tapia del cementerio de Almonte donde le dispararon. Bajo lo que queda de la puerta del cementerio viejo, hoy parque público, yace el cuerpo de Antonio del Valle Bermúdez en la fosa común donde  tiraban los asesinados.   
A pesar de sus 13 años y del miedo que nunca más lo dejaría en paz, Paco siguió camino hacía el campo llevándole comida a los hermanos, bajo el estiércol en los serones de la mula. Por el pueblo, a veces, cruzaba uno de los asesinos de su padre y le oía decir tras una carcajada : « que lástima que no tuviera un añito más »…
Mi tío Antonio siguió la lucha hasta no poder y pasó a Francia con la retirada, allí conoció los campos de concentración de la democracia. José estuvo escondido en Paterna y se rindió en 1939. Fue encarcelado durante varios años en los campos de concentración del franquismo, de Huelva a Almería hasta Algeciras. Se jugó la vida y sin el testimonio de gentes de bien no hubiese podido contarlo.   
Cada uno llevó su vida como pudo, tratando de sobrevivir a tanta violencia y tanto odio. 
Paco se caso con Rosario y tuvo 4 hijos. En 1964 emigraron a Bélgica, donde un accidente laboral le pondrá un punto final a todos sus proyectos en junio de 1967.
Paco era mi padre. Llevaba el alma destrozada y la vida atormentada, marcado en forma indeleble por ese maldito día de agosto del 1936. Llevando a cuesta la culpabilidad de estar vivo mientras su padre había muerto. No se perdonó jamás  haberse negado a ir a verlo a la cárcel del ayuntamiento.  
Soy la más pequeña de los nietos de Antonio del Valle Bermúdez y mis pasos me llevan hoy por el camino que pisó mi abuelo a ver hasta dónde me lleva su historia.
Nunca encontré su partida de nacimiento. Pero al acordarme que mi abuela tuvo que declarar su desaparición para sacar pasaporte en 1949, busqué en el juzgado la partida de desaparición que consta que Antonio del Valle Bermúdez desaparecio el 23 de agosto de 1936 de Paterna del Campo por causa « del glorioso movimiento nacional »…
Paso a paso he de seguir buscándolo porque estoy convencida de que ese 23 de agosto en el que se llevaron a Antonio seguirá acosando a nuestra familia con sus fantasmas hasta que podamos escribir toda la historia y rehabilitar su memoria.


2 comentarios:

  1. Quiero dar las gracias a Sofía, por su insistencia y trabajo. Desde Bélgica ha seguido la huella de su abuelo, su pasado, buscando información y luchando por su memoria. Te doy las gracias por tu confianza, trabajo y apoyo.
    Un beso

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  2. Gracias a ti por este homenaje a mi abuelo junto con el tuyo y otros más, que no se borren sus nombres en el olvido. Un beso.

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